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Edila Lilia Muniz, “Marielle Franco, una luchadora por los Derechos Humanos”

Edila Lilia Muniz

“Marielle Franco, una luchadora por los Derechos Humanos”. Edil expositor: Lilia Muniz.

 Vivimos en una época y en una sociedad mundial en la que, cada vez más, solamente sobrevivir parece haberse convertido en el único valor. La búsqueda es “tener” de cualquier forma, lo que se da en toda clase social. Las guerras son continuas, hay enfrentamientos de todo tipo. Esta sociedad líquida ‒de la que habla Bauman‒ le da muy poco valor a quienes luchan por ser mejores, por los demás y por sí mismos, buscando que cambie la forma de ser persona, de ser país, zona, región, sociedad ‒al fin‒,con una jerarquía de valores que ha cambiado, sin duda, pero que puede llevarnos a la felicidad y a la construcción del bienestar o a la destrucción total.

El aumento de los llamados “golpes blandos” debe alertarnos cada día. Para ello necesitamos ser solidarios, hacer lo que pregonamos, luchar por los que no tienen voz. Por tanto, lo que podemos ofrecerles en su camino por la vida es únicamente un ejemplo: el ejemplo de lo que somos.

Por eso hoy hablaremos de mujeres extraordinarias de Latinoamérica, quienes no solo han dado el ejemplo, sino que, al final, han sido asesinadas por haber sido luchadoras y haberse entregado a causas nobles en defensa de mujeres que sufren el neoliberalismo, lo dictatorial, en sus vidas. (m.r.c.)

Primero hablaré de Marielle Franco, pero en realidad su nombre fue Marielle Francisco da Silva. Socióloga, magíster en Administración Pública, feminista, política brasileña y militante por los derechos humanos; concretamente por los derechos de las mujeres negras en Brasil, priorizando el empoderamiento de aquellas mujeres negras, precisamente, que viven en las favelas.

En su primera presentación electoral, en el año 2016, Marielle fue elegida concejala en Río de Janeiro. Obtuvo cuarenta y seis mil votos y fue la quinta candidata más votada en la ciudad...

Marielle se definía a sí misma como una mujer feminista, negra e hija de la favela; militante del Partido Socialismo y Libertad.

Criada en la favela de Maré ‒el mayor complejo de favelas y uno de los más violentos de Río de Janeiro‒, esta concejala izquierdista y activista por los derechos humanos fue un símbolo de la lucha de las mujeres negras brasileñas contra el racismo, el machismo y la violencia de los militares.

En el momento que era relatora de una Comisión municipal creada para informar sobre estos abusos que ordenaba Michel Temer a los militares, fue acompañada por los mejores y más grandes artistas de Brasil, conocidos en todo el mundo.

A los treinta y ocho años, con una hija de diecinueve años, Marielle sonreía cuando hablaba; era fuerte, segura de sí misma y con los pies en la tierra. Miraba a la gente a los ojos, convencía. Ella era, para muchos, la portadora del sueño de millones de personas en su país, de quienes creían en la paz, la justicia y buscaban la posibilidad de tener oportunidades, pese a haber crecido en un entorno como el de las favelas.

Maré es una de las favelas más violentas de Río. Su población es de unos ciento cuarenta mil habitantes y estuvo durante años, cuando estudiaba, al ritmo de los tiroteos entre guerras de bandas de narcos y las intervenciones militares.

Marielle presentó un proyecto de ley para que la ciudad llevara a cabo un estudio estadístico sobre la violencia contra las mujeres en las favelas para dar voz al género femenino.

Lo que manifestaba en sus discursos estaba lleno de realizaciones que lograba llevar a cabo, en cuanto a obtener espacio en la sociedad para el acceso a la educación y a la salud.

El 14 de marzo de este año, Marielle dirigía un debate con jóvenes negras. Cuando finalizó, a eso de las veintiuna horas, el chofer que la llevaba le dijo que estaba preocupado por un auto blanco que permanecía estacionado frente adonde ella hablaba. Ese automóvil los siguió.

En cuanto llegan a una zona menos transitada, los nueve disparos de las balas de los militares aciertan cuatro de ellos en la cabeza de Marielle y otros en la cabeza del chofer. Ambos mueren. La tercera persona fue alcanzada por esquirlas, iba en la parte de atrás; fue asistida y de inmediato dada de alta.

Para la procuradora general de la Nación brasileña, el asesinato de Marielle o cualquier atentado contra líderes políticos es ejemplo de atentado contra la democracia y un nivel de impunidad muy elevado.

(Se proyectan imágenes).

Su asesinato fue un evento traumático que despertó una ola de movilización social en todo Brasil que, además, lo pueden ver en todo lo que se está pasando y que he conseguido. Su muerte deja un vacío en el activismo del país.

No debo olvidar la muerte del chofer, Anderson Gomes, en el mismo acto en que es asesinada Marielle Franco.

Un testigo que declaró como tal, fue muerto un mes después; se trata de Carlos Alexandre Pereira, hace prácticamente una semana.

Caetano Veloso ‒un gran cantante que me imagino todos conocen‒ le dedicó una canción a Marielle, entre tanto dolor por haber perdido a un ser excepcional y feminista como ella. Dice así: “Estoy triste, tan triste porque me cierra los labios que nada pueden decir. Mi gesto, mi cara, muestran un pleno vacío y mi andar es incierto. El frío que hay en Río está en mi cuarto”. (c.g.)

Otras muertes. Siento la obligación de mencionar la muerte de Berta Cáceres, activista ecológica en Honduras. Su ejecución muestra la política represiva contra las luchadoras sociales. Honduras es un campo de muerte para los ecologistas; es así como también es asesinada Lesbia Urquía, otra luchadora social en Tegucigalpa. Tenía un machetazo en el cráneo y la tiraron en un basurero.

Tanto Urquía como Cáceres se habían opuesto a proyectos hidráulicos en su país, defendiendo la tierra de los indígenas que querían correr o matar.

En Perú es asesinada al salir de su casa la lideresa Olivia Arévalo. Vivía en un asentamiento humano llamado Victoria Gracia. Fue defensora de los derechos humanos, feminista de los derechos culturales y ambientales de su etnia Shipibo-Konibo, población de unos treinta y un mil habitantes de los pueblos íkaros cercanos a Ucayali. Tenía 81 años.

En Ecuador, a otra feminista defensora de los derechos humanos, Gavis Moreno, de cuarenta y seis años, la asesinaron con doce disparos hace unos días, mientras se dirigía a su casa. Era directora del Centro de Rehabilitación de Mujeres en Guayaquil, en especial de las más alejadas de la sociedad, de las afrodescendientes y de las llamadas “mujeres del asfalto”.

Todas estas situaciones constatan lo que al comienzo dije y que tanto dolor nos ocasiona; pensemos y luchemos para que nuestra democracia siga siendo ejemplo de respeto y consideración especial hacia las mujeres que luchamos por un lugar para todas, sean estos en la educación, en la ciencia, en lo político, feministas, ecologistas o de denuncia constante para evitar todo tipo de violencia hacia la mujer, niños, niñas y adolescentes y seamos libres mentalmente para aceptar las decisiones y opciones del colectivo LGBT."

 

 

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