"Un Uruguay para todas y todos" Edil Eduardo Antonini (MPP609)

Categoría: Sectores Políticos
Publicado: Friday, 13 April 2018 18:43

“Un Uruguay para todas y todos”. Edil expositor Eduardo Antonini. (MPP609-Maldonado)

EDIL ANTONINI.- Hoy nos enfrentamos a una disyuntiva: seguir construyendo un Uruguay para todas y todos o el camino del retroceso y volver al Uruguay de unos pocos. Ese es el dilema actual, es una cuestión meramente política e ideológica.

En el primer camino, el proyecto frenteamplista se basa en la construcción de un país donde nadie es más que nadie, en donde los más infelices sean los más privilegiados. Es el camino que nos marcó el general José Artigas, "Libertador y protector de los pueblos libres".

Antes del 2005, recordemos, el país estaba fundido, sí, fundido, y cuando digo país también digo el campo, el agro, o como quieran llamarlo. Los Gobiernos que nos precedieron fueron colorados, blancos, y nos dejaron fundidos. Son los mismos que hoy reclaman al Gobierno del Frente Amplio.

Desde entonces, desde el 2005, cuando asume el Frente Amplio, se han venido atendiendo, entre otras cosas, todas las dificultades que se han planteado desde el sector agropecuario, porque es uno de los pilares de nuestra economía y se han manejado como una prioridad en las políticas económicas.

Los diferentes sectores agropecuarios del país representan unas cuarenta y cuatro mil unidades productivas que se desarrollan en distintas áreas de la agroindustria. Muchos de ellos han mejorado considerablemente. No es verdad que hoy exista una crisis agropecuaria, tal como se ha manejado por algunos colectivos. Sí es cierto que la caída de algunos precios a nivel internacional, los commodities y algunas variables ambientales y climáticas afectaron a la producción, y cierta parte del sector agropecuario se vio afectado. Pero también es cierto que la ganadería tuvo un récord de exportación, tanto en faenado como en ganado en pie. La soja el año pasado experimentó caídas de precio. Recordemos que una tonelada de soja costaba más que un barril de petróleo. Aún así alcanzó el récord de producción de más de 3.000.000 de toneladas.

El Frente Amplio ha desarrollado políticas para contemplar a los sectores del agro que necesitaron y necesitan el apoyo del Estado. Podría enumerar todas y cada una de las medidas que se han tomado en beneficio del sector agropecuario desde el año 2005 hasta ahora, hasta la semana pasada, cuando se votaron en el Senado reducciones de la contribución inmobiliaria para los Ejercicios 2018 y 2019. Las podría enumerar, pero no daría el tiempo de esta exposición. Lo que sí es seguro es que en realidad ha sido un sinfín de medidas las que el Gobierno ha tomado para apoyar y subsidia al sector agropecuario.

Ahora bien, aparece Un solo Uruguay; así se definen con proclamas vinculadas al sector de negocios agropecuarios, con referentes con continuo acceso a los principales medios de comunicación y con una práctica política de cambiar constantemente sus reivindicaciones y reclamos, lo que tiende a dificultar el diálogo institucional para conseguir soluciones. (k.f.)

Esto se complementa con exigir soluciones inmediatas, poniéndole fechas al Gobierno y amenazando con cortar suministros de alimentos a las ciudades.

Este movimiento en principio se vistió de campo, pero rápidamente mutó en una plataforma política donde abunda el achicar el costo del Estado, cuestionar a las empresas públicas y hacer recorte de políticas sociales: un montón de reclamos contradictorios, pero realizados con la intención de sumar sectores que se oponen a un país que disminuye desigualdades, que desarrolla la economía y que construye participación. En resumen: claramente una plataforma contra la esencia del proyecto frenteamplista.

“Esto no da para más", "Nos están matando de hambre”, “Hay que sacarlos ya”, son algunas de las frases de un movimiento que dice ser “apolítico”, pero que está politizado hasta la médula.

La tenacidad y preocupación, siempre en posición de lucha, de una derecha ultraconservadora que no descansa al buscar la forma de recuperar la conducción política, económica y social de nuestro país ‒“Un solo Uruguay”, el de ellos y para ellos‒, la que, además, envalentonada por los sucesos de la región, no está dispuesta a esperar que los partidos tradicionales superen sus problemas internos y recuperen la credibilidad del electorado, requisito básico para que puedan retomar nuevamente la representación en defensa de sus intereses de clase. Tampoco les ha resultado hasta ahora la búsqueda de otras alternativas, a través de la utilización de outsiders de la política para captar el interés popular. Clara y evidente incapacidad, traducida en inoperancia de los partidos políticos de oposición para articular una propuesta alternativa de modelo económico concreto que pueda tener alguna posibilidad de resultar atractiva para la ciudadanía.

La oposición tiene una agenda que no puede mostrar: destruir los logros de los trabajadores, eliminar consejos de salarios, inflación, dólar alto, flexibilidad laboral, entrega de las empresas públicas y de la soberanía, eliminar políticas sociales, extender jornada de trabajo y aumento desmedido de tarifas, entre otras cosas. Se encuentra en el dilema de que tiene agenda, pero no la puede decir.

Y acá no inventaron nada, solo copiaron la receta argentina y brasileña, así que sacaron a relucir sus autoconvocados criollos. El objetivo fue instalar una campaña de agitación, manejando sin ningún pudor inexactitudes, mentiras, falta de respeto y de seriedad, actitudes antidemocráticas y desconocimiento de la voluntad de la ciudadanía en las urnas.

La campaña de agitación política implicó movilizar a actores anónimos, que individualmente defendían al campo y que expresamente declaraban que reclamaban para “los productores medianos y chicos" y para “el interior", en general sin medidas concretas y apelando al estado de ánimo que lleva al "basta ya". Lo anónimo dotaba al instrumento de la impunidad suficiente para tergiversar la realidad y no transparentar los ganadores y perdedores de esas exigencias.

La verdadera agenda es la que permanece tapada, filtrada, dicha por Whatsapp, pero no dicha públicamente. En realidad, los portavoces del verdadero movimiento patronal no son esos productores que se juntan con el Gobierno a discutir rebajas de combustible, un fondo de garantía o el reperfilamiento de la deuda, sino esas voces misteriosas que amenazan con que al Gobierno se le viene la noche, en audios que derrochan intolerancia, amenazas e injurias, y hasta algunas cosas tragicómicas, como soltar diez mil ovejas en Montevideo.

Y después aparecen dirigentes políticos, como el senador Larrañaga, diciendo que “hay que empezar a gobernar desde ahora”; como el senador Lacalle Pou, declarando que “el ciclo del Frente Amplio se terminó”; o como algunos sospechosos personajes, procesados cuando ocuparon altos cargos del último gobierno del Partido Nacional, incitando a una “revolución”.

O también podemos hablar de directores de Intendencias, ediles y otros dirigentes del Partido Nacional emitiendo mensajes casi increíbles por las redes sociales. Hay que recordar aquella frase de un jerarca de la Intendencia de Durazno, que dijo: “Que corra sangre si tiene que correr”, entre otros varios del llamado a una revolución, a desabastecer las ciudades, sitiar Montevideo con camiones, piquetear rutas y toda una maraña de amenazas previstas al grito de “hasta que el presidente renuncie” y “saquemos al Frente Amplio del Gobierno”.

Y está la “ayuda democrática” ‒entre comillas‒ que algunos grandes medios de prensa han hecho, como una editorial de un diario capitalino que decía: “De ahora en más esto se va a poner peor, hay que tenerlo claro”. Y “de casualidad” Andebu convoca a la movilización contra el Gobierno, que se hizo en enero; no solo que la transmite en vivo, no solo que la publicita, sino que la convoca. (m.r.c.)

En todo el país, en todos los departamentos, representantes “apolíticos” entre comillas de los autoconvocados son: diputados, senadores y ediles del Partido Nacional, de hecho en esta misma sala se han realizado exposiciones “apolíticas”, también entre comillas, de señores ediles del Partido Nacional y también hemos visto por televisión ediles del Partido Nacional, de este Cuerpo, siendo voceros de autoconvocados y diciendo: “Esto es apolítico”. Un poco de honestidad intelectual sería buena cosa.

De yapa, como frutilla de la torta, cuando en el Parlamento se votan más medidas de apoyo al agro, ¿sabe, señor presidente, quiénes no asisten a sala? Los senadores del propio Partido Nacional; pero no lo digo yo, lo dijo el senador suplente del Partido Nacional Sebastián Da Silva, que además es vocero de los autoconvocados, que son apolíticos, claro está.

El senador se expresó de esta manera en su cuenta de Twitter: “No entiendo cómo se puede saludar a la paisanada en Tacuarembó, en la Patria Gaucha, y despreciarlos en el Palacio Legislativo. Vamos a votar esta medida con total frustración”.

Ahora bien, vamos a detenernos en algunos puntos: se pide bajar el costo del Estado, vieja consigna neoliberal, se exige terminar con los subsidios, se dice sin ningún tipo de escrúpulos que el Mides mantiene vagos, que hay que eliminar las políticas sociales. El presidente de la Asociación Rural, Pablo Zerbino, dijo: “Hay que deshacer las políticas sociales, que son las que nos están complicando”. Y la pregunta que me hago y que muchos nos hacemos es la siguiente: ¿eliminar las políticas sociales significa que hay que dejar de subsidiar al agro? Porque en el 2017 el Estado subsidió con U$S329.000.000 al sector, sí, U$S329.000.000 del dinero de todos los uruguayos fue para subsidiar el sector agropecuario, algo así como más del triple del presupuesto del Mides.

Entonces ¿hay que eliminar las políticas sociales para todos o solo para los pobres? ¿Bajar el costo del Estado, eliminar todas las políticas sociales? ¡Ah no! Solo las políticas sociales que beneficien a los pobres, a los más humildes y a los más desprotegidos. Ese es el tipo de mensaje, ese es el modelo de país que la derecha quiere para el Uruguay, porque subsidiar al sector agropecuario es una política social.

Recordemos que tenemos el récord de exportación de ganado faenado y en pie, récord histórico, ahora el Estado ‒o sea todos nosotros‒ ha invertido U$S80.000.000 para financiar el sistema de trazabilidad, sistema que hace posible tener hoy día esos récords de exportaciones de ganado y carnes.

 

La devolución del IVA del gasoil a los productores lecheros, arroceros, hortifrutícolas, citrícolas y flores que tributan por Imeba, ¿eso no es una política social? A los que tributan por IRAE ya se les devolvía desde el 2008.

La industria láctea recibe un 15% de beneficio sobre los cargos por la energía consumida. ¿Esas no son políticas sociales subsidiadas por todos? De lo que no hablan y lo que no dicen es que el gran cambio que ha enfrentado el agro tiene que ver con la formalización impositiva y con la existencia de mayores controles y no con ningún aumento de la carga tributaria; el agro no tiene una presión mayor que otros sectores, en realidad tiene menos que la industria y el negocio por ejemplo.

El gran tema de la derecha son las conquistas sociales de los trabajadores, esos derechos a los que se refieren como “una pesada mochila” y sumado uno más uno, más uno y más uno, nos llevan claramente a una cuestión de clase, a la eterna contradicción oligarquía-pueblo y tanto más violentos se pondrán cuanto más amenazados se vean de ser objetos de procesos tendientes a la distribución de la riqueza y ante las mejoras en el acceso a los derechos de los más humildes. No vaya a ser cosa que reclamen mucho quitándole privilegios que no están dispuestos a ceder.

Desconocen el hecho, por ejemplo, de que entre el 2005 y el 2017 más de tres mil familias de productores familiares y asalariados rurales se convirtieron en colonos, accediendo a tierras que ahora trabajan; antes las tierras de colonización las obtenían otros: senadores, intendentes y otros que las explotaban, las explotan, pero no las trabajan y hasta hoy se mantienen.

En definitiva, tampoco hablan del efecto del arrendamiento de la tierra o de los costos de los servicios de comercialización, los intermediarios sobre la rentabilidad y la competencia ni dicen quiénes se han favorecido enormemente con los procesos de distribución de las rentas agropecuarias tras el crecimiento y desarrollo de los últimos quince años. (m.g.g.)

Existe virulencia y falta de respeto hacia las instituciones y hacia el propio presidente de la República, un presidente que él mismo convoca al diálogo y se sienta a la mesa de negociación, un presidente que fue agredido e insultado por quienes dicen querer un solo Uruguay. Son los mismos que ayer en San José abucheaban y destrataban a un trabajador al grito de “¡Andate a Cuba a reclamar tus derechos, cornudo!”, mientras lanzaban una bomba de estruendo en la carpa que estaba llena de gente, la mayoría niños de escuela. Eso sí, después se fueron afuera tranquilamente a cantar el Himno.

Nosotros no queremos un solo Uruguay para unos pocos, queremos un Uruguay para todas y todos, incluidos ellos, sus hijos y sus nietos, ¡para todos! Así que también respondemos: “Nos vemos en las urnas”.